Del Proyecto Delta a la creación de un dispositivo Déltico
Este es tiempo de crisálidas,
de crecimientos,
de metamorfosis y saltos cuánticos.
Tiempo en que nuestro Dispositivo Déltico
necesita nutrirse y crecer
a partir de la participación,
del latido profundo y conjunto
de todos aquellos que
consuenen con esta emoción.
A lo largo de estos últimos años, digamos desde mediados del 2005 (Los antecedentes conceptuales deberán rastrearse allá por 1974 mientras que los más profundos se adentran en los intrincados motivos que me llevaron a ser médico, ese deseo de curar que me tome muy en serio) hemos ido avanzando en la construcción y en el pulido conceptual de nuestro Proyecto Delta. Hemos pasado, sin abandonarla, de la idea sencilla de crear un Jardín en que se albergue la mayor biodiversidad posible y que nos permitiera decirle al mundo, señores esto es posible, por aquí debemos avanzar. Un jardín en el que podamos acceder a una mayor salud, donde el medicamento sería ese, estar haciendo el jardín y donde las flores a cultivar sean un ir al encuentro de lo mejor y más alto que constituye lo humano. Fue natural sumar de inmediato la idea de algunos emprendimientos económicos que con seguridad realizaremos para darnos una base de sustentación indispensable.
Mucho más que un simple paso en nuestro crecimiento, consistió el haber arribado a la concepción de un Pensamiento Déltico. Es decir un pensamiento capaz de aunar en si la diversidad, los complementarios y aparentes opuesto en beneficio de una comprensión de la totalidad. Pero sin dudas el verdadero salto cuántico comenzamos a darlo cuando concebimos al Proyecto mismo como una construcción Déltica que tanto tiene que ver con el concepto de Deleuze y Guattari del crecimiento y la institucionalidad Rizomática. Se trata de la institucionalización de lo múltiple, de lo disperso en la unidad, de realizar y llevar adelante, de encarnar, de hacer músculo, hueso y sangre misma, allí donde estemos, la voluntad fundante del Proyecto. Y ¿Cuál es esa voluntad, esa fuerza que busca expresarse? Se trata, no podría haber sido de otra forma, de un tema tan antiguo como la existencia misma de lo humano ya que tal vez sea “el tema de lo humano” a saber, el intento, el esfuerzo de lograr que prevalezca el amor, una forma amorosa de relacionarse, cooperante, solidaria, comunitaria, atenta a las necesidades propias y del otro. El amor poniéndole límite a ese miasma que se extiende con tanta facilidad, esa discapacidad que todo lo mancha, lo degrada y envilece. Esa tremenda limitación para todo crecimiento saludable de lo humano; La Incapacidad de Amar.
Que estamos en el camino correcto, y esto nos pone muy orgullosos, nos lo indican muchas señales, entre ellas este pensamiento de un grande al que admiramos y respetamos y que nos acompaña desde hace mucho. El lo dijo así: El ser humano se siente a si mismo como algo separado del resto; esto es una ilusión. Esta ilusión es como una prisión, nos limita a nuestros deseos personales y a tener afecto por unas pocas personas cercanas. Es necesario liberarnos de esta prisión, ensanchando el círculo de nuestra compasión para incluir a todo lo viviente, a la naturaleza entera.
No se trata de un líder espiritual, de un psicoanalista o de algún ecologista de última generación. Nos referimos a alguien que se ha atrevido a adentrarse en la estructura más íntima de lo existente resolviendo con sus cálculos y sus estudios aquella estéril puja entre espíritu y materia. El lo comprobó, sólo existe la energía. Todo lo demás es ilusión, formas que, para nuestros sentidos necesariamente restringidos, adopta la energía. ¡Hay que atreverse a asomarse a un universo que fluye sin cesar donde lo único permanente, lo único constante es el cambio, la transformación! ¡Hay que atreverse y poder sostenerlo! Estamos orgullosos porque con nuestro trabajo, con nuestra tenacidad, nos acercamos y compartimos cada vez con mayor claridad este concepto de Albert Einstein al que consideramos parte de los padres fundadores de esta corriente de vida, de esta forma de estar en la vida que es nuestro Proyecto Delta, alguien que junto a, Heráclito, Epicuro, Freud, Nietzsche, Simone de Beaouvoir, Lou Andreas Salome, Baudelaire, Miguel Angel, Leonardo y tantos, pero tantos otros y otras anónimas, han hecho todo lo posible, y muy a menudo lo mucho que les fue posible, para poner en lo más alto esa energía, esa luz que llega a emitir aquello más puro y enamorado de lo humano. Esa energía amorosa capaz de dar forma y color a toda vida.
Hoy necesitamos hacer una reconsideración referida al nombre de nuestro emprendimiento, esto se hace necesario debido a que éste se encuentra tan vivo como cualquiera de nosotros. En efecto es una estructura que crece y necesita, demanda de nosotros, que nos adaptemos a sus nuevas necesidades, que seamos padres atentos a su singularidad, padres severos en cuanto al cuidado de su formación y nutrición. En consecuencia si bien por ahora seguiremos llamándolo Proyecto Delta debemos decir que su altura teórica y conceptual ha crecido lo suficiente como para ya no ser apenas “un proyecto” sino un gran dispositivo capaz de contener en si múltiples proyectos que sean cooperantes y solidarios entre si. Un dispositivo que estaba faltando, capaz de permitir a sus integrantes salir del campo de la pura idealidad no vemos en esta estructura social nada que tienda a la formación de semejantes sujetos. Se trata de que contemos con los medios, con las herramientas y el conocimiento necesario para poder instalar en la realidad nuestros deseos más altos, esos inspirados por el amor y la profunda conexión con la vida, esos que desbaratan a charlatanes e impostores. La no existencia de este dispositivo lastima, resiente transforma a jóvenes apasionados en seres amargados encerrados, dolidos que irán casi irremediablemente enfermándose de frustraciones y rencores. Otros enfermarán a causa del encierro en mundo pequeños, ausentes, separados del resto con unas pocas ideas que les han sido incrustadas por los más media. Encarnando en ellos la cara, mejor dicho la tremenda máscara de la desilusión en la que esta impreso aquel gesto de “y ¿esto era la vida?” Desde esa situación se produce en el sujeto, no podría ser de otra forma, violencia, tendencia a la autodestrucción, desbarrancamientos hacia delirios místicos, paranoicos o estados verdaderamente catatónicos. Llegados a ese punto se han perdido hace mucho camino, si es que alguna vez estuvieron allí, los mejores y más altos sueños y esperanzas.
Por el momento no nos extenderemos más en estas consideraciones pero les solicitamos que, por favor de aquí en más, allí donde lean o escuchen, Proyecto Delta hagan de inmediato la traducción a este concepto de mayoría de edad; Dispositivo Déltico. De esta forma evitamos inducir al lector al error conceptual de ser éste el proyecto de quien escribe. En efecto un dispositivo es un espacio destinado a nutrirse de una amplia multiplicidad de proyectos, matices, tonos y colores tendiente a abarcar la mayor diversidad posible. Tal vez sea un exceso de cuidado de parte nuestra decirlo pero nunca habrá en él lugar para aquello antitético que, guiado por la incapacidad de amar o por sus producciones, lo degradarían empujándolo a su destrucción.
En cuanto a un Dispositivo Déltico, éste deberá comprenderse como todo aquél que permita realizar un trabajo para el crecimiento de aquellos que lo integren, un crecimiento que se verificará tanto en la calidad y la altura de sus proyectos, como en la buena salud de sus realizaciones. Junto con esto, no podría ser de otra forma, deberá constituirse en un medio para mejorar la duración y la calidad de sus vidas. Estos objetivos deberán lograrse por medio de la ampliación de los márgenes de libertad de la estructura subjetiva de los participantes, desde aquellos que tengan la responsabilidad de ocupar los puestos de coordinación al que nos gusta pensar como el núcleo duro del dispositivo, hasta el recién iniciado. Justamente por eso, un Dispositivo Déltico, su buen funcionamiento, se encuentra destinado a derribar falsos límites, ilusiones nocivas como la que señala, Einstein. Ilusiones, errores de apreciación de lo que sucede que sólo podrían conducirnos al fracaso, la frustración y demasiado a menudo ha la sensación de haber sido estafados nada más y nada menos que ¡por la vida! Ilusiones, límites enquistados en las estructuras subjetivas de la cultura a la cual nos hemos sujetado, formándonos atrapados en conceptos estrechos. Demasiado angostos aun para aves de corral. Límites subjetivos que tenemos el deber y el derecho de identificar y desmontar. Salirnos de allí, de ese peligro, de eso que amenaza en transformarnos en muertos vivos. Salir lo antes posible para transformarnos en motores de un cambio dirigido hacia alguna curación, siempre hacia una mayor liberación, expresión de nuestros aspectos más nobles y amorosos. Aquellos que, comprendiendo los sufrimientos y restricciones que busca imponer esta cultura difundida por los más media. Necesitarán trabajar con todas sus fuerzas para ponerle límites al desamor. Algunos se dan cuenta que necesitan algo más sin saber de qué se trata. A partir de ese motor de búsqueda comienzan a andar, entonces piden una ayuda, una orientación para desarrollar aquello que les es más propio y particular y que, tal vez desconocen. Un verdadero Dispositivo Déltico debe hacer posible ese crecimiento, ese salto verdaderamente cuantitativo en la vida de los sujetos que lo integren consistente en el hallazgo de una energía distinta, de una energía más pura, más sana, más potente, una energía que permita las realizaciones de los fines más altos de sus existencias. Esa es su función, la de permitir que, en la búsqueda de un desarrollo, comience a comprenderse que uno no es sin el otro así como no podríamos ser sin el medio del que formamos parte indivisa. Entonces, así como Freud comprendió que las cargas libidinales, eróticas, junto a otros contenidos que conforman la base subjetiva y pulsional de todo ser humano, al permanecer enquistadas en el inconciente, gracias a ese ocultamiento, a ese desconocimiento de ellas que tienen las personas, se expresan con toda su potencia haciendo del sujeto el objeto de una historia de la que, pudiendo ser su creador, pasa a ser, apenas, un extra del guión que escribe otro. De la misma forma necesitamos comprender que en nosotros, junto a nuestros mejores deseos y propósito se encuentran estructuras subjetivas destinadas a crear barreras, topes al pensamiento y con ellos a la posibilidad de curarse, liberarse y crecer. De esa forma, torciendo, distorsionando, falseando o simplemente dejando ocultos conceptos que, enquistados en la cultura tomada como verdad indiscutible, bajo la forma de las costumbres, la moral o la ética, ha limitado todo intento verdadero de liberación. En ello debemos incluir ¿Cómo no hacerlo? nuestro trabajo profesional. En cuanto al él creemos no exagerar si vemos en esta situación a la mayoría del cuerpo médico así como otros profesionales relacionados con la salud cuyos centros de formación conceptual han sido cooptados por el discurso de las grandes “empresas de la salud”. Puntualmente en el psicoanálisis, esta limitación se verifica bajo el mandato regio, la imposición de una falsa asepsia. Se necesitan topadoras para derribar muros, para retirar vigas y abrir puertas cuánticas que nos permita un verdadero cambio. Entonces, si en un análisis, además de hablar de dinero y de sexo no se puede hablar de ideologías y de la forma de lograr la construcción de estructuras sociales, solidarias y cooperantes donde se pueda vivir en sintonía con la profunda comprensión de ser parte de la totalidad, de ser la partícula, el sujeto pero parte al fin. Si no logramos comprender que tenemos la capacidad y la necesidad de imaginar, de soñar y construir un presente y un futuro con aquellos de nuestros semejantes con los que compartimos códigos éticos, subjetivos e ideológicos, entonces se cierran las puertas a ambos componentes de la ecuación psicoterapéutica, médica o educativa, hacia un verdadero, profundo y alegre crecimiento, eso que llamamos sanación. De esta forma redefinimos nuestro trabajo psicoterapéutico como el intento de alcanzar el mayor despliegue posible de las potencialidades de cada sujeto sin detenerse en ello ya que ese será, precisamente, el lugar donde deberemos voltear el muro de la falsa asepsia para encaminarnos a ser actores sociales. Todo trabajo terapéutico lo será verdaderamente en la medida en que, tanto analista como analizando puedan actuar como agentes de cambio y restauración social. Actuar allí donde haga falta, y hace, reestablecer vínculos constitutivos de estructuras sociales que hagan posible, un trabajo de liberación al mismo tiempo que permitan la integración de los diferentes sujetos en un cuerpo mas amplio y poderoso gracias a la conquista de mayores márgenes de libertad.
Todo trabajo de liberación, de superación de límites, no puede dejar de estar dirigido a buscar y restaurar aquello digno de ser curado, la virtud más alta que hace, que genera y constituye el núcleo más intimo y profundo de lo humano, su posibilidad de amar y con ella, la forma propia y particular de expresarse. Justamente por ello necesitamos extirpar todo vestigio de esa enfermedad que roba el brillo en la mirada y con él toda alegría, toda libertad, todo vuelo y posibilidad de transformación. Hablamos de ella, de la cruel e impiadosa, incapacidad de amar. Esa discapacidad.
Enrique.
Ciudad de Bs. As. 18.- 02.- 09.
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Actualizado 30.- 07.- 09.